El peregrino

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Julián les esperaba en el autocar.

Pensaba en el peregrino.

En la cafetería de la gasolinera se había encontrado con un joven algo desaliñado y sucio tomando un café con leche, sobre el mostrador había dejado una bolsa con una barra de pan y un envase de leche.

- ¿Eres peregrino, verdad?

- Si señor ¿como lo ha sabido?

- Intuición, solo intuición y ver tus pies. ¿de donde vienes? ¿donde lo comenzaste?

- Lo empecé en Alicante, pero hasta allí venía desde mi pueblo, San Miguel de Cabo de Gata. Allí me despedí de mi madre y de mis hermanos y, cuando llegue a Burgos, empalmaré con el camino de Francia. El camino francés creo que le llaman.

- !Coño! Si lo terminas habrás atravesado España en diagonal. A mi también me gustaría hacerlo empezando desde Santo Domingo de Silos y, como digo yo, cuando lo empiece quiero que me bendigan los "curas" del monasterio.

El peregrino le explicó su historia: Se había quedado sin tarea hacía un año y medio como pintor de la construcción. En muchos años le había sobrado el trabajo tanto, por obras nuevas, como por repinte de antiguas y, al no poder pagar las "letras" de la hipoteca, le quitaron el pisito que tenía en San José. Con el parón y sin casa, tuvo que volver a la de su madre.

- Oye, a estas horas, normalmente lleváis andando un par de horas y, por lo que veo, tú no has madrugado hoy. Como si no tuvieras prisa en hacerlo. ¿que te pasa que aun estás aquí? ¿vas solo o lo haces con amigos?

- Voy solo con un perrillo y Ud. me ve aquí porque lo tengo malo. Lo he dejado en el albergue descansando. Se le habían clavado algunas piedrecillas en las almohadillas de las patas y, anteayer, ya no tiraba bien. Ayer en Caracena, un veterinario también peregrino, me ayudó a curarlo con yodo y gasas que le sujetamos con esparadrapo y unos calcetinillos de niño. Me dijo que lo mejor era que descansáramos, así si Dios lo quiere, reinizaremos la marcha mañana.

En el albergue no me han querido cobrar y, en lo que andado hasta hoy, cuando no los había baratillos, hemos dormido en algún pajar o en los jardines de los pueblos. Mi presupuesto es muy corto pues ya agote el subsidio del paro.

- Ya veo que no lo estás haciendo para ver el paisaje, entonces ¿te motivo alguna promesa?

- No señor, decisión y, ahora, algo de devoción. He notado que a medida que mi mochila se iba vaciando de cosillas, "mi adentro" se ha ido llenando de emociones pero, es verdad que, como se produzca un milagrillo y encuentre trabajo me parece que se habrá acabado el camino, ya no llegaré a Santiago y tampoco regresaré a mi tierra.  

- Oye, me tengo que marchar, deja que te invite. Te recomiendo que compres en el super unas plantillas de las mas baratas, las recortas y le haces unas a su medida y se las envuelves con los calcetinillos pequeños que, seguro que le irán como a Dios.

Toma, me gustaría invitarte a almorzar pero me esperan. No te sientas mal, acéptalos. (Y le puso diez euros en la mano que, el peregrino, tomó)

! Ah, y que tengas Buen Camino, amigo. Yo cuando me jubile también lo haré. 

 (El que dé un vaso de agua, por seguir a "Camino", os aseguro que no se quedará sin recompensa. Mc9)

Del capítulo de San Esteban de Gormaz a La Vid

Agosto 2013

 

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