Los motes

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 Julián fumaba su farias sin perder de vista a su máquina. Sus "señoritos" estaban vistando el Castillo y él, allí, en la plaza, reunido con sus amigos, hoy no hablarían del tiempo, hoy tocaba hablar de como venía la uva y de sus motes.

Casi todos tenían su majuelillo y, si alguno no lo tenía, daba igual, también se preocupaba. Sus padres habían sido los pioneros del Vino de la Ribera; aquellos que, hasta que se formaron las primeras cooperativas, se bebían su vino ellos solos y sus amigos. Los que cosechaban un poco más, señalaban, que también lo vendían colocando una rama de pino sobre la puerta de entrada de sus casas. Lo almacenaban en cubas que tenían construídas en los sotanos de las casas o, en su defecto, lo guardaban en lagares comunales.

Estos lugares o lagares eran punto de reunión para tomarse una jarrilla después de que, aquellos campesinos, cesaban y regresaban de sus labores en el campo.

Con Julián estaban los de siempre: Venancio, Eufronio, Jenaro, Crescenciano, Sixto, Antonio, Agapito y Eutiquio. 

- Oyes, tengo una duda, a ti te apodan "El abejaruco" ¿Será porque eres de Abejar, no?  

- !Que va, que va! Es que a mi se me da muy bien el canto de muchos pájaros, sobre todo el del abejaruco. ¿Quieres que te lo chifle?

- Pues venga, a ver como lo haces.

- No lo vas a ver. Afina que lo vas a oir. Tipi....Tipi....Tipi....Tipi.

- !Joder Eutiquio! Silbas como los ángeles.

- Otro día te gorjeo el de la perdiz y también, si quieres, el del mirlo. Y tú, ¿No tienes mote?

- No lo tengo y me gustaría. Algunos me llamías "El Soriano" porque allí vivo y de allí salgo cada ocho días, pero ni eso. Soy manchego, de Ciudad Real. Mi padre era maestro y lo movían. A mi como al Quijote me parieron en un lugar de la Mancha en donde se les llama "culipardos". Olvídalo y sigue llamándame como hasta ahora. 

- Pues yo llevo al mío con mucho orgullo. El de mi famiia es "enteco" y es que, decía mi padre que, a mi abuelo se lo pusieron por lo esmirriado que era. En cambio a mi, mi paisana me dice: "Cresce con ese barrigón y esa gordura, te lo debieras de cambiar"

- Di que no. No te lo cambies y has como yo. Como soy albino, me llaman "blanquito" y os juro que estoy tan acostumbrado que, cuando voy por la calle, si alguien me llama a mis espaldas por mi nombre Venancio, !Venancio! no me vuelvo y , si lo hago, cuando me llamáis "blanquito"

- Tú al revés que "EL guapete" que me cruce con él el otro día y le digo....."Adiós guapete"

- "Jenaro. Me llamo Teodoro" ( Me contestó con mala gaita)

- "Pues Teodoro cambia el letrero de tu tienda. ¿O no dice allí? Comestibles guapete"

-"Eso lo puso allí mi abuelo y, ahí se queda"

- Y tu Sixto, lo del "Cochinero" era ¿porque los vendías o los criabas?

Ni lo uno ni lo otro. Mi familia, por parte de padre, fueron siempre capadores de cochinos. Por entonces, en las casas, se criaban uno o dos cerdos para el avío del año. Se les capaba porque así no se desgastaban con las cochinas y engordaban mejor. Al llegar la época de la matanza, algunos, alcanzaban hasta las veinte arrobas de peso.

- O más. ¿Sabías que aquí decimos? Tres días hay en el año, que se llena bien la panza: Nochebuena, Nochevieja y el día de la matanza (Intervino Jenaro)

- Pues no, pero ya no se me olvida.

- Cuéntame Agapito,tú ¿Por que, el "coplas"?

- Dicen, y parace que es verdad, que soy un recitador que no lo hago del todo mal.

- Mira si lo hace bien que enamaró a la maestra y, cuando murió, le dejó rico (Dijo Jenaro metiendose nuevamente donde no debía)

- Siempre lo digo, !si la envidia fuera tiña!

- ¿Heredaste mucho?

- Solo la mitad de su paga. Cobro un poca más que éstos que tienen todos el msmo subsidio.

(Agapito había estudiado con los frailes. Se salió por falta de vocación que, además coincidió con la muerte de su padre y, sus brazos, hacían falta en la casa. Su mediana preparación, a la que añadía su galantería y buen parlar, enamoraron a la maestra del pueblo. Su matrimonio duró diez años. Fué para un San Roque que ella se chifló del que cantaba en la orquesta que era mas galante y más zalameero que él y, con aquel, se marchó. Ella perdió su plaza pero !y lo que bailó hasta el día en que murió!. Se enteró de su deceso en otro San Roque al que ya no volvió. Se asesoró y, a pesar de que solo durante sus once años de ausencia, danzó con ella en Fiestas mientras que el otro cantaba, consiguió algo mas de la mitad de su pensión. Cada mes cuando cobraba se le removía la conciencia pensando en que, el vocalista, le podía reclamar la mitad de la mitad)

- Y tu Jenaro ¿cual dices que tienes?

- Conmigo no se atreven. Se que por mi ojo tuerto me apodan "el bizco" pero solo lo dicen a mis espaldas.

-¿que te pasó? o, ¿es de nacimiento?

- Si. Fué una desgracia. De niño fuí a dar un beso al hijo de mi hermana y, sin querer, me metió un dedo y, con la uña,  me cortó el cristalino. Decía mi madre que por falta de medios así me quedé.

-!Ya!

(el grupo parecía lamentar el accidente moviendo la cabeza de un lado a otro pero, como el decía, le llamaban "el bizco" cuando a él se referían)

-¿Cual tienes tu Eufronio?

- Yo ninguno, solo Eufronio. ¿te parece poco Eufronio?

(Julián pensó que era mejor que les llamaran por el mote que no por el de pila, por que mira que: "Eufronio")

- El más bonito es el tuyo ¿verdad Antonio?

- Eso parece, pues, "pichón" soy yo, pichones mis hermanos y, ahora ya, también mis sobrinos.

- ¿También tu padre?

-!También! Pero el primeto fué mi abuelo. Decián que la comadrona al ponerlo en brazos de su madre le dijo "mira que bonito es parece un "pichoncillo"

- Lo dicho, mejor vuestros apodos que vuestros nombres.

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En nuestras tierras el sobrenombre que se le da a una persona se le conoce como Mote. Casi siempre se hereda y se comparte con la familia, es como, el bautizo social que te asigna el pueblo donde naces o, cuando llegas, si eres forastero. Se lleva con orgullo, y diría que hasta nos gustaría incluirlo en nuestros documento. En pocos casos, no gusta.

Los más fáciles y repetidos suelen ser los que se asignan al forastero que, mas que mote, se aplica al gentilicio de su procedencia: el vasco, el catalán, el alemán, y pronto, si no los hay ya, el marroquí y el rumano.

Tampoco se agudiza el ingenio cuando se le define por su trabajo: el relojero, el herrero, el sillero, el carreterillo, el huevero, el cochinero, el zapatero..........

Por su físico: el chato, el calvillo, el curilla, el cojo, el guapo, el rubio.....

Por afinidad a su pareja: el catalino (el de la Catalina), el charete (el de la Charo), margarito (el de la Marga)......

Y otros que, ni sus titulares, saben su procedencia: el pache, el boliche, el pela, el botijo..... y así hasta sobrepasar la gracia y el talento del pueblo llano.

Hay un pueblo de Andalucia que edita un listín de unas treinta páginas con los números fijos y móviles indicando solo los motes de los que los poseen y, en Roa, Maria Jesús Sánchez Martín en su página www.roadeduero.com ha publicado unos 400. 

Del capítulo de Roa a Peñafiel

Marzo del 2014   

   

 

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